Uno de cada tres salteños vive bajo la línea de pobreza, según el último informe del INDEC

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El organismo nacional midió que 202 mil personas del conglomerado urbano de Salta no llegan a cubrir sus necesidades básicas durante el primer semestre de 2026. La pobreza se ubicó en 29,7% y la indigencia en 4,4%, cifras que golpean de lleno a familias del norte argentino.

Detrás de cada punto porcentual hay una historia que se repite en los barrios de Tartagal, en las zonas rurales del Chaco salteño y en los conglomerados urbanos de la provincia: familias que estiran el mango hasta fin de mes, changarines que no logran estabilidad laboral y jubilados que ven cómo su ingreso se diluye frente al costo de vida. El INDEC lo traduce en números 202 mil personas bajo la línea de pobreza y una indigencia del 4,4% pero en el territorio esos guarismos se traducen en decisiones cotidianas: qué comprar y qué dejar para después, a qué changa aceptar aunque no alcance, cómo llegar a fin de semana sin faltar al trabajo por no tener para el colectivo.

El dato del primer semestre de 2026 no aparece aislado, sino que se inscribe en una tendencia que viene marcando a Salta como una de las provincias con mayores índices de pobreza del país. Para el interior salteño, lejos de la capital y de los circuitos de mayor movimiento económico, la situación suele ser todavía más compleja: el acceso a changas formales es menor, los precios de los productos básicos llegan encarecidos por el transporte y las oportunidades laborales estables escasean. Es en ese contexto donde la indigencia esa franja de la población que ni siquiera puede cubrir una canasta alimentaria mínima golpea con mayor crudeza a quienes viven en localidades alejadas de los grandes centros urbanos.

La pobreza no es solo un número frío de un informe estadístico: es la vecina que reparte changas de costura para sostener a sus hijos, es el que se levanta antes del amanecer para buscar trabajo en la construcción sin garantía de conseguirlo, es la familia que reorganiza su changa semanal cuando el gas o la luz suben. Que casi tres de cada diez salteños estén bajo la línea de pobreza interpela directamente a la gestión pública, tanto provincial como nacional, sobre la efectividad de las políticas sociales y económicas destinadas a revertir esta realidad, que en el interior profundo de la provincia se siente con más fuerza que en cualquier estadística oficial.

El desafío, de cara a los próximos informes del INDEC, será observar si estas cifras logran achicarse o si, por el contrario, siguen consolidando a Salta entre las provincias con mayores niveles de pobreza estructural. Mientras tanto, en Tartagal y en cada rincón del interior salteño, miles de familias continúan sosteniendo su día a día con la misma resistencia con la que enfrentan cada crisis: trabajando más para llegar a lo mismo, o incluso menos, que antes.

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