Un hombre de 36 años murió atropellado en la ruta 34, a la altura de Virgen de la Peña
El siniestro fatal ocurrió en la noche del domingo y la víctima falleció en el lugar. La Justicia trabaja para determinar cómo se produjo el hecho sobre una de las rutas más transitadas del norte salteño.
La ruta nacional 34, esa cinta de asfalto que atraviesa el corazón productivo y social de Tartagal, volvió a ser escenario de una tragedia. En la noche del domingo, cerca del paraje Virgen de la Peña, un hombre de 36 años perdió la vida tras ser atropellado. No llegó a ser trasladado a ningún centro de salud: murió en el mismo lugar del impacto, una circunstancia que da cuenta de la violencia con la que se produjo el hecho.
Detrás de cada cifra que engrosa las estadísticas de siniestralidad vial hay una historia truncada. Un hombre de 36 años tenía, con seguridad, una familia, un trabajo, una rutina que el domingo se interrumpió de la manera más abrupta. En Tartagal y en toda la región, la ruta 34 no es solo una vía de comunicación: es el camino que conecta pueblos, que lleva a trabajadores a sus empleos, a estudiantes a sus escuelas, a familias enteras entre localidades. Cuando esa ruta se cobra una vida, la comunidad entera siente el golpe, aunque muchas veces el hecho quede reducido a una breve mención policial.
La zona de Virgen de la Peña, como otros tramos de la 34, es conocida por la escasa iluminación y el tránsito constante de vehículos pesados que conectan Salta con el límite boliviano. Para quienes viven en el interior salteño, circular de noche por esa ruta implica un riesgo que se naturaliza con el tiempo, pero que no deja de ser real: la falta de infraestructura adecuada, de señalización eficiente y de controles permanentes convierte cada viaje nocturno en una posibilidad latente de tragedia. Es una problemática estructural que excede el caso puntual y que interpela a las autoridades viales y de seguridad de toda la región.
Mientras la Justicia investiga las circunstancias exactas del siniestro si hubo exceso de velocidad, falta de precaución, o si la víctima cruzaba la ruta en ese momento, queda pendiente una reflexión más amplia sobre la seguridad vial en el norte salteño. Cada muerte en la ruta 34 debería ser una alarma que impulse medidas concretas, no solo un dato más que se suma a una larga lista. La memoria de este hombre de 36 años merece, como mínimo, que su pérdida no quede en el olvido y que las autoridades competentes avancen con celeridad en el esclarecimiento del hecho.




