
El optimismo tóxico de los estadísticos: Un 85% de probabilidad de recesión no es un alivio, es la antesala de la tormenta perfecta.
Este titular, aparentemente alentador para el público general, es una lectura distorsionada de la realidad macroeconómica argentina. La reducción de la probabilidad de recesión al 85% (desde un punto anterior no especificado, pero presumiblemente más cercano al 100%) no debe interpretarse como una mejora sustancial en el downside risk sino más bien como la confirmación de que estamos inmersos en un escenario de ajuste estructural con una alta probabilidad de aterrizaje forzoso.
El modelo de la Universidad Di Tella evalúa el riesgo de que la economía registre dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo del PBI. Una probabilidad del 85% indica que el escenario base para la mayoría de los agentes económicos y analistas de mercado sigue siendo la contracción de la actividad. En términos de gestión de riesgo, un evento con un 85% de probabilidad se considera prácticamente una certeza. Reducir el riesgo del 90% al 85% no cambia la estrategia de mitigación.
El contexto subyacente es la severa contracción de la base monetaria y la demanda agregada, producto del programa de estabilización macroeconómica actual. El mercado anticipa que esta contracción, necesaria para controlar la inflación, provocará una caída del consumo y la inversión, impactando directamente en el nivel de empleo. El 15% restante de probabilidad de evitar la recesión se sustenta en variables de alta volatilidad, como la potencial entrada de capitales por la cosecha gruesa o una estabilización anticipada de las expectativas inflacionarias. Sin embargo, el momentum económico actual apunta a la recesión.
Olvídese del titular. El 85% no es una buena noticia, es una sentencia. El bolsillo percibe este riesgo elevado de recesión de la siguiente manera:
Parálisis del Mercado Laboral: Los CEOs y CFOs de las grandes corporaciones no invierten en un entorno donde tienen un 85% de posibilidades de que la demanda se desplome. Esto se traduce en: frenos a la contratación de personal (hiring freezes), desaceleración de salarios reales (los ajustes salariales no compensan la inflación) y, en muchos casos, reducción de personal para contener costos.
Si usted tiene un empleo en el sector privado, su riesgo de ser despedido o de que su salario real se deteriore significativamente es altísimo. Si está buscando trabajo, las oportunidades se reducen drásticamente.
Ajuste del Gasto Familiar (Contracción del Consumo): La recesión inminente obliga a las familias a realizar un «flight to safety» en su consumo. Esto significa priorizar gastos esenciales (alimentos, servicios) y recortar drásticamente gastos discrecionales (indumentaria, ocio, viajes). Las compras a plazo (financiación) se vuelven un riesgo mayor. La contracción del consumo es el motor de la recesión.
Encogimiento del Crédito y Aumento del Costo del Capital: Los bancos no prestan fácilmente cuando el riesgo de impago (default) aumenta. Si usted necesita un préstamo personal o hipotecario, el costo del capital (tasa de interés) será prohibitivo o la disponibilidad del crédito se reducirá a cero. Las Pymes, motor del empleo, sufrirán la falta de financiación para capital de trabajo, lo que acelerará los cierres de negocios.
La reducción de las chances de recesión al 85% es una distracción estadística. Para el bolsillo de la gente, la recesión ya está aquí. La pregunta no es si caeremos, sino cuán profundo será el pozo del 85% de probabilidad. Es momento de reestructurar el presupuesto familiar, asegurar el empleo y reducir el apalancamiento (deuda). El optimismo no paga las cuentas cuando la economía se contrae.