Argentina sufrió más de la cuenta ante Cabo Verde y avanzó a octavos en el alargue.
La Scaloneta necesitó 120 minutos y toda su efectividad defensiva para vencer 3-2 a los africanos en un partido que dejó más preguntas que respuestas sobre el rendimiento del equipo.
Desde Tartagal, como en todo el interior del país, se siguió con atención un partido que debería haber sido un trámite. Argentina enfrentó a Cabo Verde en condiciones de absoluta superioridad, pero nuevamente necesitó sufrir más de lo razonable. Que España y Uruguay ya hubiesen pasado dificultades ante los africanos no justifica que la Scaloneta, actual campeona del mundo, debiera llegar al alargue para resolver.
La realidad del juego marcaba claramente la diferencia de recursos, pero en el campo sucedió algo distinto: un equipo que no encontró fluidez ni regularidad en el juego.Lo que más llama la atención es que Scaloni y sus dirigidos no lograron imprimir su identidad en los noventa minutos reglamentarios.
Dibu Martínez nuevamente fue providencial con una atajada impresionante y manejó bien el juego aéreo en el área chica, pero un campeón mundial no debería depender de la efectividad defensiva para ganar encuentros de estas características.
La Scaloneta, que deslumbró en la Copa América, mostró aquí un fútbol más errático, menos fluido, dejando en evidencia que aún no encuentra su mejor versión en esta competencia.Sin embargo, también es cierto que los grandes equipos tienen la capacidad de ganar cuando juegan mal.
Argentina lo demostró avanzando a octavos de final. Pero desde adentro, desde el interior donde el futbol se vive con pasión real, esta victoria deja más interrogantes que certezas. ¿Puede Argentina competir contra equipos más exigentes jugando así? Esa es la pregunta que ronda en los paladares tartagalenses después de ver a la Scaloneta sufrir contra Cabo




