YPF sube los combustibles 1% desde este sábado: otro golpe al bolsillo en el Norte argentino

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La petrolera estatal ajusta sus precios en medio de la escalada internacional del crudo, que ya supera los US$ 100 por barril. En Tartagal y el interior salteño, donde las distancias son largas y el transporte propio es casi una necesidad, cada aumento pega directo en la economía familiar.

Desde este sábado, cargar combustible en cualquier estación de YPF costará un 1% más. El anuncio llega en un contexto de tensión internacional que empujó el precio del petróleo por encima de los US$ 100 por barril, un umbral que no se veía hace tiempo y que las petroleras trasladan, casi de manera automática, a los surtidores locales. Para muchos argentinos, especialmente en el interior del país, la noticia se traduce en una pregunta cotidiana y angustiante: ¿cuánto más va a costar moverse, trabajar, llegar a fin de mes?

En una ciudad como Tartagal, donde el transporte público es limitado y buena parte de la población depende de vehículos particulares, motos o del traslado de mercadería por rutas nacionales, cada punto porcentual de aumento en los combustibles no es un dato abstracto de pizarra: es menos plata para el mandado, es replantearse si vale la pena viajar a Salta capital, es un remisero que tiene que subir la tarifa o un productor que ve encarecerse el flete de su cosecha. La suba, que a nivel nacional puede sonar moderada, golpea con más fuerza en las economías regionales, donde los salarios no acompañan el ritmo de los ajustes y la brecha con los grandes centros urbanos ya es una realidad estructural.

El contexto internacional explica en parte la decisión de YPF, pero no alivia la carga que recae sobre los bolsillos de trabajadores, comerciantes y familias del Norte argentino. La suba del petróleo es un fenómeno global, atado a tensiones geopolíticas que quedan muy lejos de Tartagal, pero sus consecuencias se sienten acá, en el surtidor de la esquina, en el remis que espera pasajeros o en el camión que transporta producción hacia otros puntos del país. Es en esa distancia entre la decisión que se toma en un despacho y el impacto que se siente en la vida diaria de una familia salteña donde se juega buena parte de la desigualdad que atraviesa al interior argentino.

Mientras el precio del combustible sigue una lógica de mercado internacional, quienes viven en las provincias del Norte enfrentan una realidad distinta: la necesidad de moverse largas distancias para acceder a servicios de salud, educación o trabajo, sin alternativas de transporte masivo eficiente. Cada aumento, por mínimo que parezca, reabre el debate sobre la equidad territorial y la urgencia de políticas que contemplen las particularidades del interior, donde el combustible no es un lujo sino una herramienta indispensable para sostener la vida cotidiana.

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