Volvió a clases después de superar un cáncer de tiroides y sus compañeros de Mosconi la recibieron con aplausos y carteles
Salomé López, alumna de 7.º grado de la Escuela N.º 4496, reapareció en el patio de su escuela luego de una compleja cirugía en el Hospital Garrahan. La emoción se apoderó de docentes y estudiantes en un regreso cargado de contención y afecto.
El patio de la Escuela N.º 4496 de General Enrique Mosconi fue escenario de una escena que trascendió lo escolar. Salomé López, de 12 años, volvió a las aulas tras recibir el alta médica después de una cirugía por cáncer de tiroides realizada en el Hospital Garrahan de Buenos Aires. Sus compañeros la esperaban con aplausos, carteles y una celebración espontánea que reflejó algo que ninguna currícula enseña: la solidaridad genuina entre pares cuando uno de los suyos atraviesa una enfermedad grave.
La historia de Salomé pone en primer plano una realidad que golpea de manera particular a las familias del interior salteño: la distancia. Un diagnóstico oncológico en cualquier rincón del país implica angustia, pero en localidades como Mosconi esa angustia se multiplica por los kilómetros que separan al paciente de los centros de alta complejidad. El Garrahan, referencia nacional en pediatría, queda a más de 1.600 kilómetros de distancia, lo que obliga a las familias a afrontar traslados, alojamiento temporal, gastos imprevistos y una logística que muchas veces se sostiene gracias a redes comunitarias, más que a políticas públicas robustas de acompañamiento.
Que la escuela haya elegido recibirla con un acto tan visible no es un dato menor. En los pueblos del norte salteño, la institución educativa suele funcionar como un segundo hogar, un espacio de contención que va más allá de lo pedagógico. El gesto de los compañeros y docentes de la Escuela N.º 4496 habla de una comunidad que entendió que el regreso de Salomé no era solo administrativo volver a inscribirse, retomar contenidos sino profundamente simbólico: la vuelta a la normalidad después de atravesar un proceso que ninguna niña debería vivir a los 12 años.
Esta noticia, más allá de la emoción que despierta, también interpela sobre el acceso a la salud pediátrica de alta complejidad desde el interior del país. Cada caso como el de Salomé visibiliza la necesidad de fortalecer la atención oncológica infantil en las provincias del norte argentino, para que la cercanía y la contención que hoy ofrece la comunidad escolar de Mosconi no tengan que compensar, en el futuro, la distancia con los grandes centros de salud del país.

