Salta se endeudará por 250 millones de dólares: la mitad para pagar deudas viejas y la otra para obras 

1789678190639 1024x576

La provincia quedó habilitada para tomar un nuevo endeudamiento que combina el pago de compromisos financieros heredados con inversión en infraestructura. La medida reabre el debate sobre el destino real de los fondos y su impacto en las arcas provinciales a largo plazo.

El gobierno de Salta obtuvo autorización para tomar deuda por 250 millones de dólares, un monto que se divide en dos operaciones de naturaleza muy distinta. Por un lado, 150 millones de dólares saldrán a través de la colocación de bonos en el mercado de capitales, con el objetivo puntual de afrontar vencimientos del Plan del Bicentenario, aquel esquema de endeudamiento lanzado hace más de una década y que hoy sigue generando compromisos financieros para la provincia. Por otro lado, 100 millones de dólares corresponden a un crédito del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), destinado esta vez a financiar obras de infraestructura.

La diferencia entre ambos componentes no es un detalle menor. Mientras el crédito del BIRF promete traducirse en obras concretas rutas, escuelas, hospitales o sistemas de agua, según se defina su aplicación, los 150 millones de dólares en bonos no representan una inversión nueva, sino el refinanciamiento de una deuda que Salta arrastra desde el Plan del Bicentenario. En otras palabras, buena parte de este nuevo endeudamiento no construye nada: apenas permite seguir pagando compromisos asumidos en el pasado, una dinámica que muchas provincias argentinas conocen bien y que termina comprometiendo presupuestos futuros sin necesariamente mejorar la vida cotidiana de la gente en el corto plazo.

Para las familias del interior salteño en Tartagal, en el norte, en los departamentos donde las obras de infraestructura suelen llegar tarde o a medias esta noticia tiene una doble lectura. La expectativa está puesta en el crédito del BIRF: si esos 100 millones de dólares se traducen efectivamente en obras que lleguen a las localidades más postergadas, podría significar mejoras reales en rutas, acceso al agua o infraestructura sanitaria, necesidades que en esta región no son abstractas sino urgentes. Pero la otra mitad del paquete, la destinada a pagar vencimientos previos, es un recordatorio de que buena parte de la capacidad de endeudamiento de la provincia ya está comprometida antes de generar un solo metro de asfalto o una sola conexión de agua potable en el norte salteño.

El desafío para el gobierno provincial será demostrar con transparencia y ejecución concreta que esta nueva deuda no repite el patrón histórico de anuncios grandilocuentes con obras que tardan años en concretarse, o que directamente no llegan al interior con la misma velocidad con la que llegan a la Capital. La ciudadanía, y en particular los habitantes de las zonas más alejadas del poder central de la provincia, tienen derecho a saber en qué se invertirán esos 100 millones de dólares del BIRF y a exigir que el peso de pagar los 150 millones en bonos no recaiga, una vez más, en recortes de servicios esenciales o en la postergación de obras que ya deberían haberse hecho.

Publicidad
Logo Final 3873
Publicidad
Logo Final 3873