River toca fondo: quinta derrota consecutiva como local ante Rosario Central y estallido en las tribunas
El Monumental vive su peor momento en años. La paciencia de los hinchas se agotó con una nueva caída que profundiza la crisis institucional del club porteño.
El Estadio Monumental se convirtió en un hervidero de tensión después de la caída de River ante Rosario Central. Lejos de los éxitos que caracterizaron al club en años recientes, los hinchas manifestaron su indignación con cánticos dirigidos contra la comisión directiva. Que se vayan todos, que no quede ni uno solo, gritaban desde las tribunas mientras el equipo se desangraba en el campo de juego. Esta es la quinta derrota consecutiva en condición de local, un registro que golpea la historia reciente del club de Núñez.
Impulsado por la necesidad de revertir el resultado, el equipo asumió el protagonismo durante buena parte del encuentro, pero volvió a evidenciar una de sus principales falencias: la falta de claridad para transformar el dominio en situaciones concretas de gol. Esta vez el desarrollo fue diferente a partidos anteriores. Rosario Central no se replegó completamente, disputó el juego en campo rival y, en varios pasajes, incluso cedió la posesión.
Sin embargo, esa ventaja territorial no encontró respuestas futbolísticas. Las oportunidades más claras llegaron por errores puntuales del rival, como una falla del arquero Ledesma, o por acciones individuales que exigieron buenas intervenciones del arquero, más que por una construcción colectiva capaz de quebrar la defensa adversaria.
Foto Maxi Failla - CLARIN
Los cambios introducidos por técnico reflejaron la búsqueda de respuestas en un equipo que no logró encontrar regularidad durante el partido. Pereyra, que volvió a la titularidad tras haber sumado pocos minutos en el encuentro anterior, fue una de las apuestas del entrenador. También ingresaron Juan Cruz Meza y, sobre el cierre, Valentín Lucero, con la intención de generar mayor profundidad por el sector izquierdo mediante centros al área. En un plantel conformado por futbolistas de jerarquía y con importantes inversiones en el mercado de pases, River terminó depositando gran parte de sus expectativas en jóvenes de entre 18 y 20 años. La derrota comenzó a gestarse con el gol en contra de Nicolás Otamendi, una acción desafortunada que condicionó el desarrollo del encuentro. Más allá de las variantes tácticas, el conjunto millonario volvió a mostrar dificultades para sostener una idea de juego y revertir un resultado adverso.
Mientras grandes clubes como River atraviesan crisis profundas de gestión y rendimiento, muchos equipos del norte argentino como los de Salta lidian constantemente con limitaciones presupuestarias y estructurales. Sin embargo, la diferencia radica en la responsabilidad: River cuenta con recursos que no estaría sabiendo aprovechar. La imagen paupérrima de un equipo que debería estar entre los mejores de América expone problemas administrativos que van más allá de lo deportivo.
Los refuerzos y los dólares invertidos no han podido detener el deterioro. Esto plantea interrogantes sobre las decisiones tomadas en la dirección técnica y administrativa. Para un club con la historia de River, atravesar un momento tan crítico sin respuestas claras agudiza el conflicto entre directivos e hinchas.

