Osvaldo Jaldo le puso freno a la eliminación de las PASO y profundiza la grieta con la Casa Rosada
El gobernador de Tucumán rechazó de plano el proyecto oficialista para suprimir las primarias en 2027, alineándose con el peronismo y sumándose a un coro cada vez más numeroso de mandatarios provinciales que le marcan la cancha a Javier Milei.
La disputa por el futuro del sistema electoral argentino suma un nuevo capítulo, y esta vez la voz que se alza en contra viene del norte grande. Osvaldo Jaldo, gobernador de Tucumán, fue contundente al ser consultado sobre la iniciativa que impulsa el Gobierno nacional para eliminar las PASO de cara a las elecciones del año próximo: Para nada estoy de acuerdo, sentenció, dejando en claro que su postura no admite matices ni negociaciones de último momento, mientras que, En las últimas semanas, tanto Raúl Jalil (Catamarca) como Gustavo Sáenz (Salta) se pronunciaron a favor de eliminar las PASO, con el argumento de que la herramienta ya no le sirve a la sociedad y que la selección de candidatos debería resolverse puertas adentro de cada partido.
El mandatario tucumano no se quedó solo en el rechazo a las primarias, sino que fue más allá al descartar también su respaldo a una reforma electoral integral que se discute a nivel nacional. Su argumento central no apunta al contenido de los cambios propuestos, sino a la oportunidad política de discutirlos: sostiene que alterar las reglas de juego electoral cuando el proceso ya está en marcha genera un perjuicio equitativo para todas las fuerzas políticas que se preparan para competir. Este planteo, lejos de ser un simple tecnicismo, toca un nervio sensible de la democracia argentina: la certeza jurídica y la previsibilidad que necesitan los actores políticos y también la ciudadanía para participar de un proceso electoral limpio y transparente.
La posición de Jaldo no es un hecho aislado. Se inscribe en una tendencia que crece entre los gobernadores dialoguistas, aquellos que en más de una oportunidad acompañaron medidas del oficialismo nacional pero que ahora encuentran límites concretos cuando se trata de tocar las reglas del juego democrático. Esto resulta relevante para las provincias del interior, donde los mandatarios locales suelen tener una lectura más fina de cómo los cambios normativos impactan en sus propios territorios, en sus estructuras partidarias y, en definitiva, en la vida política de miles de ciudadanos que en el norte argentino ya conviven con desafíos estructurales profundos.
Esta creciente lista de reparos entre los gobernadores dialoguistas expone una tensión que la Casa Rosada no logra resolver: la de construir consensos genuinos con el interior productivo del país, más allá de las urgencias legislativas del oficialismo. Para las provincias del NOA, que históricamente han reclamado mayor federalismo y participación real en las decisiones que las afectan, la postura de Jaldo representa un mensaje claro hacia Buenos Aires: las reformas que modifican las reglas de la democracia no pueden imponerse a las apuradas ni sin el diálogo genuino que la ciudadanía del interior viene reclamando desde hace años.




