Milei regresa a la Casa Rosada tras 25 días ausente: un Gabinete diezmado y señales de desconexión
El presidente pisó su despacho después de más de tres semanas sin asistir. La reunión de ministros dejó más interrogantes que respuestas sobre el funcionamiento del Gobierno nacional.
Javier Milei volvió a la Casa Rosada el lunes pasado después de 25 días sin pisar su lugar de trabajo. Su última visita había sido el 30 de julio, cuando realizó una cadena nacional sobre la reforma del Banco Central. El regreso, anunciado apenas el domingo anterior, pareció responder más a la presión mediática por su prolongada ausencia que a una iniciativa propia. En el contexto actual, donde el interior del país demanda respuestas concretas sobre políticas económicas y sociales, esta desconexión de la administración central genera preocupación sobre cómo se toman decisiones que nos afectan directamente en nuestra provincia.
Lo más preocupante fue el estado del Gabinete durante el encuentro. Tres ministros estuvieron ausentes por viajes de trabajo: Juan Bautista Mahiques (Justicia), Sandra Pettovello (Capital Humano) y Alejandra Monteoliva (Seguridad). Pero la falta más significativa fue la de Santiago Caputo, el asesor presidencial cuya influencia en las decisiones del Gobierno es ampliamente conocida. Estos datos reflejan una desarticulación preocupante en la estructura gubernamental, donde ni siquiera en una reunión de reencuentro tras 45 días sin verse todos los actores clave estuvieron presentes.
Estas señales son alarmantes. Las provincias necesitan un Ejecutivo funcional y presente, especialmente cuando enfrentamos desafíos económicos y sociales urgentes. La intermitencia en la gestión, la falta de coordinación entre ministros y la distancia del asesor presidencial sugieren un Gobierno que opera de manera fragmentada. Para Tartagal y toda Salta, esto se traduce en incertidumbre sobre quién realmente toma decisiones y hacia dónde se dirige la política nacional.
La reactividad frente a críticas mediáticas, en lugar de una gestión proactiva, también es un síntoma preocupante. Un presidente que necesita ser empujado por la prensa para volver a su despacho no inspira confianza en su compromiso con la función pública. En un contexto donde el Interior reclama visibilidad y atención, esta desconexión es particularmente grave.




