El hambre de fin de mes: 3 de cada 4 familias de barrios populares no llegan a cubrir lo básico
Un relevamiento del Instituto Periferias sobre 5.000 hogares en 15 provincias confirma lo que se ve a diario en los barrios: los ingresos ya no alcanzan y la deuda se volvió la única forma de parar la olla.
El dato es contundente y describe una postal que se repite de norte a sur del país: tres de cada cuatro hogares que viven en barrios populares no logran cubrir con sus ingresos los gastos mínimos del mes. Así lo revela el informe final del Instituto Periferias, elaborado a partir de un relevamiento de 5.000 casos realizados en 15 provincias argentinas, un universo lo suficientemente amplio como para desestimar cualquier lectura que reduzca el fenómeno a una situación puntual o aislada.
El estudio profundiza además en un aspecto clave para entender el momento que atraviesan las familias trabajadoras y desocupadas de los sectores populares: el 61,8% de las personas consultadas admitió tener algún tipo de deuda, y un 59,8% reconoció haberse endeudado específicamente para comprar alimentos. Este último dato no es menor. Cuando el crédito deja de usarse para comprar electrodomésticos o bienes y se utiliza para cubrir la comida de todos los días, lo que se está diciendo en realidad es que el ingreso familiar dejó de alcanzar para lo más elemental: comer.
Detrás de cada porcentaje hay una historia que en los barrios populares del interior, como los que rodean a Tartagal y a buena parte del norte salteño, se repite con matices propios: changarines que encadenan trabajos informales, changas y planes sociales para sostener el mes; jefas y jefes de hogar que recurren al fiado del almacén de barrio, a préstamos informales o a tarjetas con tasas asfixiantes; familias que reorganizan sus prioridades para que no falte el plato de comida, aunque eso implique postergar otros gastos igual de urgentes, como la salud o la ropa de los chicos. El informe del Instituto Periferias pone en números una realidad que en las periferias urbanas del NOA se percibe todos los días en las filas de los comedores comunitarios y en el aumento de consultas por asistencia alimentaria.
Lo que expone este relevamiento excede lo estadístico: habla de un modelo de endeudamiento que ya no funciona como herramienta de progreso, sino como parche de emergencia frente a ingresos que se licuaron. Para las provincias del interior, donde el trabajo informal y la precariedad laboral son moneda corriente y donde el Estado local muchas veces llega con menos recursos.




