Vaca Muerta, la apuesta Argentina para honrar la deuda con el FMI
La directora del Fondo Monetario Internacional visitó el yacimiento porque el país necesita dólares de exportación. Para el Norte, la pregunta es si esa riqueza llegará alguna vez.
La visita de Kristalina Georgieva a Vaca Muerta no fue un paseo turístico. Argentina debe al Fondo Monetario Internacional 42.552 millones de Derechos Especiales de Giro (DEG), unos US$57.700 millones. Esa deuda representa el 34,6% de toda la cartera activa del organismo internacional, casi cuatro veces más que la de Ucrania, el segundo país endeudado. El mensaje fue claro: necesitamos que ese yacimiento funcione para generar los dólares que permitan pagar.
Esta ecuación resulta incómoda. Vaca Muerta promete ser el motor de dólares, pero ¿a quién beneficia realmente? Los recursos se concentran en Neuquén, mientras que regiones como la nuestra siguen mirando desde lejos cómo se extraen riquezas nacionales. La pregunta que resuena en Tartagal es si alguna vez esos dólares de la energía llegarán en forma de inversión, empleo genuino o mejora en servicios básicos para las comunidades del Norte.
El desafío del crecimiento que menciona el FMI choca con una realidad local, mientras el país se juega su estabilidad macroeconómica con apuestas extractivistas en el sur, provincias petroleras y gasíferas históricas como Salta siguen postergadas. La deuda externa no se paga con promesas de futuro, sino con divisas reales. Y esas divisas, hoy, parecen depender de un único sector en una única región.
Lo preocupante es que este modelo perpetúa la fragmentación: algunas zonas son sacrificadas como proveedoras de recursos, mientras que la capacidad de decisión sobre qué hacer con esas riquezas permanece centralizada. Para que el crecimiento sea real y sostenible, no basta con que Vaca Muerta funcione. Hace falta que esos dólares se redistribuyan equitativamente y que el interior tenga voz en cómo se desarrolla..




