Escándalo por el Adornigate  Mientras el Norte padece el ajuste, el vocero presidencial ostenta reformas de lujo

adorni

En una semana donde los vecinos de Tartagal seguimos contando las monedas para pagar el aumento del boleto y rogando que el servicio de agua no se interrumpa ante las primeras calores, desde la Capital Federal nos llega un cachetazo de realidad política. Se filtraron videos que detallan las millonarias refacciones en la vivienda de Manuel Adorni, ubicada en el exclusivo country Indio Cúa. Según trascendió en medios nacionales como Perfil e Infobae, las obras habrían demandado una inversión cercana a los 245.000 dólares, una cifra que, convertida a nuestra moneda y puesta en el contexto de la crisis que atraviesa el departamento San Martín, parece un número de ciencia ficción para cualquier trabajador salteño.

El escándalo, ya bautizado en los pasillos del poder porteño como el Adornigate, ha despertado serias dudas sobre el origen de los fondos y la transparencia del funcionario que diariamente nos habla de austeridad. Mientras medios como Página|12 investigan hipótesis que van desde el uso de activos digitales hasta posibles sobresueldos, aquí en el interior profundo nos preguntamos cómo se condice el discurso oficial de no hay plata con semejante despliegue de lujo arquitectónico. Los videos muestran remodelaciones estructurales de alto nivel que contrastan violentamente con la paralización de la obra pública en nuestra provincia, donde proyectos de saneamiento y rutas siguen durmiendo el sueño de los justos.

Ante la viralización de las imágenes y el costo de la obra, el vocero presidencial reaccionó con su habitual estilo confrontativo, llegando a preguntar irónicamente en sus redes si estamos todos locos  por cuestionar sus movimientos patrimoniales. Sin embargo, para quienes vivimos a más de 1.600 kilómetros de la Casa Rosada, la verdadera locura parece ser la desconexión total entre los funcionarios que habitan barrios cerrados y el ciudadano de a pie que enfrenta tarifazos de luz impagables. A pesar de las crecientes presiones y las sospechas sobre la ruta del dinero, el presidente Javier Milei ha decidido no soltar la mano de sus colaboradores más cercanos, manteniendo un blindaje político que ignora el malestar social que estas noticias generan en el norte del país.

Nos planteamos la pregunta que hoy resuena en las calles de Tartagal: ¿Hasta cuándo el sacrificio será exclusivo de la gente? Mientras en nuestra región sufrimos la falta de insumos básicos en hospitales y una inflación que no da tregua, la ostentación en los countries bonaerenses parece indicar que el «ajuste» tiene una frontera muy clara que no cruza los portones de Indio Cúa. El contraste es doloroso: una Salta que sigue esperando las inversiones prometidas para no quedar aislada, frente a un poder central que parece haber encontrado rápidamente la forma de mejorar su propia calidad de vida.

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