Tres millones de pesos por día: así operaba la aduana paralela en finca "Carina"
La Fiscalía Federal de Orán reveló la magnitud de una organización que, según la investigación, movía hasta 300 vehículos diarios por un paso fronterizo clandestino, dejando ganancias millonarias mientras el Estado perdía el control de sus propios límites.
En Orán, un juicio por contrabando a gran escala pone en evidencia lo que muchos vecinos de la frontera salteña ya sospechaban desde hace tiempo: la existencia de circuitos económicos paralelos que operan con una logística casi empresarial, ajenos a cualquier control estatal. La Fiscalía Federal, a cargo de Marcos Romero, estima que hasta agosto de 2025 circulaban diariamente unos 300 vehículos por este paso ilegal instalado en la finca "Carina", generando un promedio de tres millones de pesos por jornada. La cifra no es menor: habla de una estructura sostenida en el tiempo, con horarios, rutas y una demanda constante que la sostenía día tras día.
Para las comunidades que viven en zonas de frontera, como Aguas Blancas y sus alrededores, este tipo de causas judiciales no son un dato abstracto de tribunales lejanos. Son la confirmación de una realidad cotidiana que golpea directamente la economía formal de la región: comercios que compiten en desventaja con mercadería que ingresa sin pagar impuestos, trabajadores que ven cómo el contrabando erosiona fuentes de empleo genuino, y un Estado que llega tarde para controlar lo que ocurre a metros de los pasos oficiales. La existencia de una "aduana paralela" no solo es un delito económico: es también una señal de alarma sobre los vacíos de control en zonas donde el Estado nacional debería tener mayor presencia.
El juicio, que involucra a los presuntos integrantes de esta organización delictiva, deberá determinar responsabilidades individuales, pero el trasfondo social no puede quedar en segundo plano. Detrás de cada vehículo que cruzaba diariamente había, probablemente, personas que encontraban en este circuito una forma de subsistencia, en una región donde las oportunidades laborales formales escasean. Esto no exime de responsabilidad penal a quienes organizaban y se beneficiaban económicamente del esquema, pero sí obliga a preguntarse qué políticas de desarrollo productivo y de generación de empleo genuino faltan en el norte salteño para que estructuras como esta encuentren terreno fértil para crecer.
Desde una mirada federal, este caso interpela directamente a quienes gestionan las políticas de frontera desde Buenos Aires: la ausencia de controles efectivos en pasos no habilitados no es un problema exclusivo de Salta, sino una deuda del Estado nacional con las provincias del interior. Mientras se discuten presupuestos y prioridades en el centro del país, en la frontera con Bolivia se movían tres millones de pesos por día al margen de toda regulación, afectando la recaudación fiscal, la competencia comercial leal y, en definitiva, la vida cotidiana de miles de familias que sostienen sus economías con esfuerzo y dentro de la legalidad. El desenlace de este juicio será clave no solo para determinar culpabilidades, sino para enviar un mensaje claro sobre la necesidad de fortalecer el control estatal en las zonas de frontera del país.




