El dieselazo boliviano encarece la hoja de coca y golpea el comercio fronterizo del norte salteño
El combustible subió un 83% en Bolivia y el impacto ya se siente en la región: la hoja de coca, de consumo cotidiano para miles de familias, se encarece junto con la indumentaria y los artículos de bazar que llegan desde el vecino país.
El aumento del diésel en Bolivia, que trepó un 83%, no es un dato ajeno para quienes viven en el norte de Salta. La cercanía con la frontera hace que buena parte de la economía cotidiana de Tartagal y localidades vecinas dependa, en mayor o menor medida, del flujo comercial con el país vecino. Cuando allá sube el combustible, acá se encarece el transporte de mercadería, y ese sobrecosto termina trasladándose, tarde o temprano, a las góndolas y ferias locales.
Uno de los productos más sensibles a este fenómeno es la hoja de coca, cuyo consumo forma parte de la vida diaria de numerosas familias de la región, muchas vinculadas a tareas rurales, al transporte o a comunidades originarias que la incorporan como parte de sus costumbres. No se trata de un producto de lujo ni de consumo esporádico: para muchos hogares representa un gasto fijo semanal, y cualquier aumento repercute directamente en presupuestos que ya vienen ajustados por la inflación de ambos lados de la frontera.
A esto se suma la suba advertida en indumentaria y artículos de bazar, rubros que sostienen a comerciantes locales que se abastecen en mercados bolivianos para luego revender en Tartagal y otras localidades del interior salteño. Este circuito comercial, históricamente accesible por sus precios competitivos frente a la oferta nacional, es también una fuente de trabajo para changarines, transportistas y pequeños vendedores que hoy ven cómo el margen de ganancia se achica ante el encarecimiento de la logística.
El caso vuelve a poner en primer plano una realidad que atraviesa al interior del país: las decisiones económicas tomadas en países vecinos impactan de manera directa y casi inmediata en la vida cotidiana de las localidades fronterizas, sin que exista allí capacidad de amortiguar el golpe. Mientras en los grandes centros urbanos estas noticias pueden pasar desapercibidas, en Tartagal y su zona de influencia representan un nuevo condicionante para familias que ya enfrentan dificultades para llegar a fin de mes, y para comerciantes que deben decidir entre trasladar el aumento a sus clientes o resignar rentabilidad.




