Tras días de corte total, se restableció el paso de camiones y colectivos en el puente que une Salvador Mazza con Yacuiba. El acuerdo es por 15 días y no resuelve de fondo el conflicto que afecta a cientos de familias que viven del comercio fronterizo.
El puente internacional que conecta Salvador Mazza con Yacuiba volvió a tener circulación normal después de que los bagayeros de San José de Pocitos decidieran suspender la medida de fuerza que mantenía bloqueado el paso fronterizo. La decisión llegó luego de que autoridades bolivianas se comprometieran a gestionar, ante el gobierno argentino, una salida a las restricciones aduaneras que vienen golpeando a quienes se dedican al traslado de mercadería entre ambos países. El respiro, sin embargo, tiene fecha de vencimiento: el acuerdo es por apenas 15 días, un plazo breve si se considera que las trabas que originaron la protesta no desaparecieron.
Para entender la dimensión del conflicto hay que pensar en quiénes son los bagayeros: trabajadores informales que, día a día, cruzan la frontera cargando bolsos y mercadería para sostener a sus familias en una zona donde las oportunidades laborales formales escasean. No se trata de contrabando a gran escala, sino de una economía de subsistencia que desde hace años sostiene a buena parte de la población de Salvador Mazza y localidades vecinas. Cuando el paso se cierra o se endurecen los controles aduaneros, no es una abstracción burocrática: es el sustento diario de cientos de familias el que queda en jaque.
La reanudación de la circulación de camiones y colectivos trae alivio inmediato para el comercio regional y para quienes dependen del tránsito fronterizo para trabajar o trasladarse, pero el traslado de mercaderías seguirá limitado, lo que indica que la tensión de fondo permanece intacta. Es un paliativo, no una solución. La pregunta que queda flotando es qué pasará cuando se cumplan esos 15 días si las restricciones argentinas no se flexibilizan: ¿se repetirá el bloqueo, con el consiguiente perjuicio para transportistas, comerciantes y pasajeros de ambos lados de la frontera?
Desde una mirada mas amplia, este tipo de conflictos pone en evidencia una vez más la distancia entre las decisiones que se toman en los centros de poder y el impacto que tienen en las economías de frontera del interior del país. Mientras en Buenos Aires las políticas aduaneras se discuten en términos macroeconómicos, en Salvador Mazza y Yacuiba esas mismas medidas se traducen en bolsos que no se pueden cruzar, familias que no saben si van a poder parar la olla y trabajadores que vuelven a jugarse el sustento en cada negociación de último momento. La tregua lograda es una buena noticia circunstancial, pero el verdadero desafío sigue siendo construir una solución duradera que no deje a los bagayeros rehenes de plazos cortos y promesas por confirmar.