Salta tiene 46 familias buscando adoptar, pero pocos se animan con niños mayores de 5 años

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La tutora pública oficial advierte sobre la brecha entre la demanda de bebés y la realidad de cientos de menores que aguardan una familia. Reflexiona sobre la necesidad de cambiar paradigmas en la sociedad salteña.

Salta enfrenta una paradoja inquietante en materia de adopciones: mientras hay 46 convocatorias activas de familias dispuestas a recibir menores, la mayoría de los postulantes mantiene preferencias que dejan fuera a gran parte de la población infantil en espera. Según explicó Macarena Saravia Zenteno, tutora pública oficial, la tendencia predominante es la búsqueda de bebés o niños pequeños, un patrón que reproduce desigualdades y limita las oportunidades de quienes tienen más de cinco años.

Desde la perspectiva del interior provincial, esta realidad refleja un desafío cultural más profundo. En Tartagal y otras ciudades del norte salteño, donde los recursos institucionales son limitados, esta concentración de expectativas en la infancia temprana complejiza aún más la situación de adolescentes y niños mayores. La tutora pública convoca a ampliar la mirada colectiva, a conocer las historias particulares de quienes crecen esperando un hogar, cuestionando implícitamente qué nos dice como sociedad esta selectividad.

La brecha entre oferta y demanda real de adopciones no es un problema meramente administrativo, sino un síntoma de cómo priorizamos según criterios que favorecen lo moldeable sobre lo ya formado. Niños y adolescentes de Salta permanecen en el sistema esperando familias que los vean más allá de su edad, que reconozcan en ellos no una segunda opción, sino una posibilidad válida y transformadora.

El desafío para la provincia es generar espacios de reflexión que cuestionen estas preferencias. Campañas de sensibilización, encuentros comunitarios y testimonios de familias que adoptaron niños mayores podrían cambiar la ecuación. En Salta, abrir las puertas a quienes superan los cinco años no es solo un acto de justicia: es reconocer que una familia se construye también desde la historia compartida, no únicamente desde el origen.

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