Salta suma siete casos de leishmaniasis mucocutánea y la alerta se instala en el norte provincial

Flebotomo P

Dos nuevos diagnósticos en apenas una semana elevaron a siete los casos registrados desde comienzos de 2026. La enfermedad, transmitida por un mosquito propio del monte, vuelve a poner el foco en las zonas rurales del interior salteño.

Siete personas en Salta conviven hoy con un diagnóstico de leishmaniasis mucocutánea, la forma de la enfermedad que compromete piel y mucosas y que suele dejar secuelas visibles y dolorosas en quienes la atraviesan. El dato surge del último parte epidemiológico, que confirmó dos nuevos casos durante la semana comprendida entre el 6 y el 12 de septiembre, y que reabre una discusión que en el norte provincial nunca termina de cerrarse del todo: la de convivir con un vector que habita el mismo monte donde miles de familias trabajan, cultivan y crían a sus hijos.

La leishmaniasis se transmite por la picadura de un flebótomo, un mosquito diminuto y silencioso que prolifera en ambientes de selva, monte y zonas rurales con vegetación densa, típicas del norte salteño. A diferencia de otras enfermedades que generan alarma inmediata por su letalidad, esta patología avanza de manera más silenciosa: puede pasar semanas o meses antes de que una lesión en la piel derive en un compromiso de las mucosas, lo que muchas veces retrasa la consulta médica y complica el tratamiento. Para una persona que vive en un paraje alejado, sin acceso inmediato a un centro de salud con capacidad diagnóstica, ese retraso no es un detalle menor: puede significar la diferencia entre un tratamiento a tiempo y una cicatriz permanente, tanto física como emocional.

Detrás de cada uno de estos siete casos hay una historia que no siempre llega a los números fríos de un parte epidemiológico: trabajadores rurales, changarines, familias de zonas de frontera agrícola o ganadera que pasan horas expuestos al monte sin repelente ni mosquitero, muchas veces porque el acceso a esos insumos básicos de prevención no es igual en el interior que en la capital provincial. Hablar de leishmaniasis en Salta es hablar, también, de desigualdad territorial: de la distancia entre un puesto sanitario rural y un hospital con especialistas en enfermedades tropicales, de los kilómetros de tierra que separan a una familia de un diagnóstico oportuno.

El incremento de casos, aunque parezca un número acotado, obliga a repensar la estrategia de prevención en las zonas más vulnerables del norte salteño: control del vector, fumigación en áreas de riesgo, información clara para quienes trabajan o viven cerca del monte, y sobre todo, garantizar que la brecha entre el interior y los grandes centros urbanos no vuelva a traducirse en enfermedades que se agravan por falta de acceso. Porque en definitiva, cada caso de leishmaniasis mucocutánea no es solo un dato epidemiológico: es una persona que hoy convive con una marca en la piel, y un sistema de salud que tiene la obligación de llegar antes de que esa marca se vuelva irreversible.

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