Sáenz cruzó a Nación por la falta de acompañamiento: "La paciencia se va acabando"

Z2AIHUTNDFHS3HMEVROEF3CGEM 1024x576

El gobernador salteño reveló tensiones con la Casa Rosada por el manejo de la deuda provincial y apuntó contra los propios libertarios locales, que en la Legislatura frenan las iniciativas que Buenos Aires le promete a él en privado.

Gustavo Sáenz decidió no guardarse más el malestar. El gobernador de Salta expuso públicamente lo que hasta ahora circulaba en conversaciones reservadas: la falta de respaldo concreto del Gobierno nacional hacia una provincia que, según remarcó, viene sosteniendo compromisos financieros sin el acompañamiento que esperaba. La paciencia se va acabando, advirtió, una frase que resume meses de gestiones y promesas que no terminan de plasmarse en hechos.

El mandatario provincial explicó que el ministro de Economía, Luis Caputo, le aseguró personalmente que Salta podrá rodar y refinanciar sus deudas conforme a las necesidades reales de la provincia. Es una definición que, de cumplirse, aliviaría un frente clave para las cuentas públicas salteñas, en un contexto donde cada peso que se destina al pago de compromisos financieros es un peso menos para obra pública, salud o asistencia social en los departamentos del interior, donde las urgencias no dan tregua.

Pero el propio Sáenz puso el dedo en la llaga al señalar una contradicción que golpea directamente la gobernabilidad: esas propuestas que le llegan desde Nación no encuentran eco en quienes representan a La Libertad Avanza en la Legislatura provincial. Los legisladores libertarios locales se oponen a las mismas iniciativas que sus referentes nacionales le garantizan al gobernador en las mesas de negociación. Esta desconexión entre el discurso libertario a nivel nacional y su traducción política en el territorio salteño no es un dato menor: deja al gobierno provincial atrapado entre acuerdos verbales con Buenos Aires y trabas concretas en la Cámara de Diputados y el Senado provincial.

Para los salteños de a pie, estas disputas de despacho tienen consecuencias tangibles. Cuando las negociaciones entre Nación y provincia se estancan por internas partidarias, son los municipios del interior los que primero sienten el impacto: menos transferencias, obras que no arrancan, servicios que se resienten. La advertencia de Sáenz funciona también como un mensaje hacia adentro de su propio esquema de alianzas: no alcanza con buenas palabras desde la Casa Rosada si esos compromisos no se sostienen con votos en la Legislatura salteña. La paciencia, como él mismo lo planteó, tiene un límite, y ese límite lo terminan pagando quienes menos margen tienen para esperar.

Publicidad
Logo Final 3873
Publicidad
Logo Final 3873