Mosconi: un joven fue golpeado por vecinos tras ser acusado de robar una gaseosa en el barrio 447 Viviendas
Un episodio de violencia colectiva se registró durante la madrugada en General Mosconi, donde un joven fue reducido a golpes por vecinos que lo acusaban de sustraer una bebida de un comercio del lugar.
En el barrio 447 Viviendas de General Mosconi, la madrugada terminó a los golpes. Según trascendió, un joven ingresó a un local del barrio y alcanzó a llevarse una gaseosa. No hizo falta más que eso para que un grupo de vecinos lo interceptara y lo redujera a la fuerza, en una escena que se repite con preocupante frecuencia en distintos puntos del país: la Justicia por mano propia.
El joven permaneció reducido hasta que la Policía llegó al lugar, según se informó. No trascendieron datos sobre su identidad, su edad ni sobre las lesiones que pudo haber sufrido durante el ataque, algo que resulta clave para dimensionar la gravedad del hecho y para saber en qué condiciones fue trasladado, si es que recibió atención médica. Tampoco se conoció si finalmente quedó demorado o si se labraron actuaciones contra quienes participaron de la golpiza.
Más allá de lo que efectivamente haya ocurrido el robo de una bebida, un delito menor si se lo compara con la respuesta que generó, lo que queda expuesto es una comunidad que ya no espera a que las instituciones actúen. En barrios donde la presencia policial suele ser tardía o insuficiente, los vecinos terminan resolviendo por su cuenta lo que debería resolver el Estado, con el riesgo enorme de que la reacción sea desproporcionada frente al hecho que la origina. Un joven que roba una gaseosa no debería terminar linchado en la calle: ese es un límite que ninguna comunidad debería cruzar, por más hartazgo o inseguridad que sienta.
El caso de Mosconi vuelve a poner en agenda una discusión que atraviesa a buena parte del interior salteño: la sensación de desprotección frente al delito, real o percibida, y la falta de respuestas rápidas de las fuerzas de seguridad en barrios alejados de los centros urbanos. Pero también obliga a preguntarse qué pasa cuando la bronca colectiva se convierte en violencia física contra una persona, sin garantías, sin debido proceso y sin que nadie sepa, todavía, en qué estado quedó ese joven después de la golpiza.

