Miles marcharon desde San Cayetano: el clamor de las familias que sufren el ajuste llega a Plaza de Mayo
Organizaciones sociales, políticas y gremiales volvieron a las calles apenas horas después de una represión policial, reclamando contra la eliminación de programas sociales y el ajuste del Gobierno nacional.
A pesar del frío y la represión de horas anteriores, un mar de personas volvió a inundar las calles durante el tradicional día de San Cayetano. Fieles y militantes de distintas organizaciones sociales, políticas y gremios marcharon durante tres horas desde Liniers hasta Plaza de Mayo, llevando sus reclamos por paz, pan, tierra, techo y trabajo en un contexto donde el ajuste económico profundiza las necesidades de las familias argentinas.
Desde la madrugada, miles de personas se amontonaban en las afueras del Santuario San Cayetano en Liniers. Como cada 7 de agosto, el ritual de acercarse con espigas en las manos para agradecerle al santo por el pan y el trabajo volvía a repetirse. Una tradición que, nacida en los tiempos de la crisis de 1930, permanece como termómetro del contexto económico social del país. Hoy, en pleno siglo XXI, ese termómetro marcaba nuevamente temperaturas altas de preocupación y angustia.
Estas movilizaciones visibilizan un problema nacional que atraviesa también a provincias como Salta: el avance del ajuste sobre los sectores más vulnerables. Mientras en el Tartagal y la región se sienten los efectos de la reducción de programas sociales, estas marchas en la capital permiten que esos reclamos locales cobren dimensión nacional. Las deudas de las familias, el desempleo y la crisis de acceso a servicios básicos no son problemas exclusivos de Buenos Aires, sino que golpean con igual o mayor intensidad en el interior del país.
La represión previa refleja una sociedad que no se resigna. Cada San Cayetano que pasa con mayor pobreza, cada bendición pedida por trabajo que no llega, cuenta una historia de resistencia que interpela al Gobierno nacional sobre qué sucede con quienes menos tienen. En momentos de crisis, la fe y la organización se convierten en las únicas herramientas de quienes piden, nuevamente, por lo básico.




