Deuda joven: en Salta Capital, los menores de 25 años arrastran un promedio de casi un millón de pesos impagos

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Con datos cerrados a julio de 2026, los jóvenes salteños de hasta 25 años continúan encabezando el ranking de morosidad en la capital provincial, con una tasa que supera el 38% y una deuda promedio de $999.265.

El número es contundente: en Salta Capital, un joven de hasta 25 años que hoy tiene deudas pendientes debe, en promedio, $999.265 para regularizar su situación. La tasa de mora en ese segmento etario supera el 38%, muy por encima de otros grupos de edad, según el cierre de datos correspondiente a julio de 2026. No se trata de un caso aislado ni de una anécdota estadística: es un patrón que se repite mes a mes y que confirma una tendencia que preocupa tanto a especialistas en finanzas como a quienes trabajan diariamente con la realidad económica de los jóvenes del norte salteño.

Detrás de esa cifra hay historias concretas: jóvenes que apenas ingresan al mercado laboral, muchos con empleos informales o changas, que recurren a tarjetas de crédito, préstamos personales o financiamiento de electrodomésticos y celulares para cubrir necesidades básicas o sostener sus estudios. La brecha entre lo que ganan y lo que necesitan gastar alquiler, transporte, alimentos, materiales de estudio los empuja a endeudarse, y la inflación sostenida hace que esa deuda crezca más rápido de lo que pueden pagarla. No es una cuestión de manejo irresponsable del dinero, como suele simplificarse desde ciertos discursos: es la consecuencia directa de un mercado laboral que no ofrece estabilidad ni salarios acordes al costo de vida real.

La situación golpea con particular dureza a quienes llegan desde el interior de la provincia Tartagal, Mosconi, Aguaray, y otras localidades del norte para estudiar o trabajar en la capital salteña. Para esos jóvenes, la mudanza implica gastos que no existían en sus hogares de origen: alquiler, pasajes, materiales de estudio, alimentación fuera de casa. Muchos terminan financiando esos gastos con tarjetas o préstamos que después no pueden sostener, y la deuda se convierte en una mochila que condiciona su futuro económico incluso antes de haber conseguido un primer empleo estable. Es una realidad que el interior conoce bien: la migración hacia la capital en busca de oportunidades no siempre viene acompañada de las condiciones necesarias para sostenerse económicamente.

El dato de julio de 2026 debería funcionar como una alarma para pensar políticas públicas específicas: líneas de crédito accesibles para jóvenes, programas de educación financiera desde el secundario, y sobre todo, generación de empleo formal y bien remunerado en el interior provincial que evite que cada joven tenga que migrar y endeudarse para poder proyectar un futuro. Mientras tanto, la deuda promedio de casi un millón de pesos sigue siendo, para muchos jóvenes salteños, no un número abstracto sino una barrera concreta que les impide acceder a una vivienda, a un vehículo o simplemente respirar tranquilos a fin de mes.

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