Crece el río en Santa Victoria Este y el norte salteño vuelve a mirar el cielo con temor
El aumento del caudal en la zona reaviva la angustia de comunidades que ya conocen el aislamiento y la pérdida material que dejan las crecidas. La amenaza de nuevas lluvias mantiene en vilo a familias que esperan respuestas concretas.
La crecida del río en Santa Victoria Este volvió a encender las alarmas entre los vecinos de distintas comunidades del norte de Salta, que desde hace días siguen con atención la evolución del caudal. No es la primera vez que esta región del Chaco salteño atraviesa una situación de este tipo, y esa memoria reciente es, justamente, lo que profundiza la preocupación: cada centímetro que sube el río representa para muchas familias la posibilidad de quedar aisladas, perder cultivos, animales o incluso el acceso a la escuela y al centro de salud más cercano.
El contexto agrava el panorama: se prevén nuevas precipitaciones en los próximos días, un dato que en lugar de aliviar la tensión, la multiplica. En una zona donde los caminos de tierra son la única vía de conexión con otras localidades, cualquier lluvia adicional puede significar el corte total de rutas y senderos, dejando a comunidades wichí y criollas sin la posibilidad de trasladarse, abastecerse o recibir asistencia en caso de emergencia. Esta vulnerabilidad estructural no es nueva, pero cada crecida vuelve a exponerla con crudeza.
Más allá del dato hidrométrico, lo que está en juego es la vida cotidiana de familias que dependen del río tanto para su sustento como para su movilidad, y que hoy deben convivir con la incertidumbre de no saber si el agua seguirá subiendo. La experiencia acumulada en otras crecidas del Pilcomayo y sus afluentes en esta región demuestra que la falta de infraestructura adecuada puentes, defensas costeras, sistemas de alerta temprana convierte cada temporada de lluvias en una amenaza latente para las comunidades más alejadas de los centros urbanos.
La situación exige una mirada atenta por parte de los organismos provinciales y municipales, que deberán monitorear de cerca la evolución climática y del caudal en los próximos días. Mientras tanto, los vecinos de Santa Victoria Este y las comunidades circundantes vuelven a hacer lo que ya saben: observar el río, escuchar el pronóstico y prepararse, una vez más, para lo que pueda venir.

