Tensión universitaria: El Gobierno Nacional intima a rectores mientras la UNSa Tartagal siente el impacto del ajuste

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El conflicto entre el Gobierno Nacional y las universidades públicas sumó un nuevo capítulo de tensión que repercute directamente en nuestra región. El Ministerio de Capital Humano, encabezado por Sandra Pettovello, envió intimaciones formales a los rectores de las casas de altos estudios, incluyendo a las autoridades de la Universidad Nacional de Salta (UNSa), exigiéndoles que garanticen el dictado de clases frente a las medidas de fuerza gremiales. Para los estudiantes de la Sede Regional Tartagal, esta presión administrativa se traduce en una incertidumbre creciente sobre la continuidad del calendario académico en un año ya golpeado por la crisis económica y el desfinanciamiento.

Desde la Casa Rosada fundamentan esta medida alegando la necesidad de proteger el derecho a la educación de los alumnos ante los reiterados paros docentes y no docentes que se vienen sucediendo en todo el país. Según la postura oficial, el Gobierno busca responsabilizar legalmente a los rectores por los días de clase perdidos. Sin embargo, en el norte salteño, esta intimación es vista por las bases universitarias como una maniobra de presión que ignora la realidad de los trabajadores de nuestra universidad, quienes enfrentan una pérdida del poder adquisitivo sin precedentes y una falta de convocatoria a paritarias que cubran la inflación galopante.

La respuesta desde el ámbito académico nacional fue contundente y resonó en los pasillos de nuestra sede local. Referentes como Emiliano Yacobitti, vice rector de la UBA, salieron al cruce denunciando que el Ejecutivo intenta  desviar el eje del conflicto mediante la intimidación. Desde esta perspectiva, se sostiene que es el propio Gobierno quien desarticula el sistema al recortar fondos básicos para el funcionamiento operativo. En Tartagal, donde la universidad pública es el principal motor de ascenso social para los jóvenes del departamento San Martín, el ajuste presupuestario se siente con mayor fuerza debido a las distancias y los costos operativos de mantener la educación en el interior profundo.

Mientras el Ministerio de Capital Humano exige garantías por escrito, la comunidad educativa de la UNSa Tartagal sigue en alerta. Los estudiantes locales, que ya lidian con el incremento en los costos del transporte y la precarización de las becas, ven con preocupación cómo la educación superior se convierte en un campo de batalla político. La mirada localista es clara: sin un presupuesto digno que garantice salarios justos y el mantenimiento de la sede, las intimaciones administrativas resultan insuficientes para tapar un conflicto que amenaza con paralizar el futuro profesional de cientos de tartagalenses.

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