
La enorme brecha que separa los debates de la Capital Federal de la dura realidad del norte salteño volvió a quedar en evidencia tras las repercusiones del Tedeum del 25 de Mayo. Mientras el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, advertía ante la plana mayor del Gobierno nacional sobre la sombra de una nube de desmembramiento social que acecha a la Argentina, la reacción de los sectores más duros del oficialismo no se hizo esperar. El diputado nacional Bertie Benegas Lynch cruzó con dureza al prelado, acusándolo de tener una mirada sesgada y de no comprender el rumbo económico. Sin embargo, para los vecinos de Tartagal y de todo el departamento General San Martín, donde la desocupación, la falta de agua potable y la paralización total de la obra pública golpean con fuerza, las palabras de la Iglesia no son parte de una disputa teórica, sino una descripción exacta y dolorosa de nuestra vida cotidiana.
La contraofensiva de Benegas Lynch expone la creciente tensión de la administración de Javier Milei con la Iglesia Católica, un actor al que el ala dura de la Casa Rosada ya califica abiertamente de opositor, según trascendió en las últimas horas. Desde la comodidad de los despachos porteños, el ala libertaria tilda de colectivista el reclamo eclesiástico. Pero aquí en el norte provincial, donde las misiones franciscanas, las parroquias y Cáritas son muchas veces el único plato de comida caliente y la única mano tendida ante la ausencia del Estado, esas descalificaciones ideológicas suenan desconectadas de la realidad. Para el tartagalense que asiste al derrumbe de su poder adquisitivo, que el oficialismo nacional gaste energías en atacar a los obispos en lugar de reactivar las partidas alimentarias resulta, cuanto menos, una provocación.
El escenario político sumó además un condimento de interna con la llamativa situación de la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien tras no ser invitada formalmente al Tedeum metropolitano, optó por expresarse de manera independiente sobre esta encrucijada de la historia. En Salta, una provincia con un arraigo religioso e identitario indisoluble, este enfrentamiento con la Iglesia abre una grieta incómoda para los referentes locales de La Libertad Avanza. Los legisladores y militantes oficialistas de nuestra región se encuentran ante la difícil tarea de defender el severo ajuste fiscal en sus comunidades, mientras los sacerdotes locales replican en sus homilías el mismo mensaje de alerta por el hambre y la exclusión que García Cuerva proclamó frente al propio presidente.
En definitiva, la dura reacción de Benegas Lynch al Tedeum demuestra que el Gobierno prefiere dar batallas discursivas en las redes sociales antes que asumir el costo social de sus medidas en el interior profundo de la patria. Mientras en Buenos Aires se discute si la Iglesia se ha convertido en el antagonista inesperado de Milei, en las comunidades originarias y en los barrios periféricos de Tartagal la nube del desmembramiento social ya no es una metáfora eclesiástica: es la realidad de comedores comunitarios que ya no dan abasto y de familias que deben elegir qué comida del día suprimir. Es hora de que la política nacional baje de los atriles y escuche el clamor de un norte que no necesita más disputas ideológicas, sino respuestas urgentes.