
En una maniobra que roza la negligencia criminal y que genera una profunda indignación en el norte salteño, el Gobierno Nacional decidió bloquear con precintos plásticos los accesos y las puertas de emergencia del edificio central del Servicio Meteorológico Nacional (SMN). Esta medida, denunciada por los trabajadores y replicada por diversos medios nacionales, se dio en el marco de una jornada de protesta contra los despidos masivos en el sector público. Para quienes vivimos en Tartagal y dependemos estricamente de la información meteorológica para prevenir desastres naturales o lidiar con las extremas temperaturas de nuestra zona, ver cómo se vulnera la seguridad de una institución tan vital resulta alarmante.
La tensión escaló rápidamente en Aeroparque y otros veinte aeropuertos del país, donde trabajadores estatales de la aviación civil y del propio SMN manifestaron su rechazo a los recortes que amenazan el funcionamiento del sistema aeronáutico. La imagen de las puertas de emergencia selladas con precintos no es solo una afrenta a las normas básicas de seguridad laboral, sino un símbolo del trato que están recibiendo los profesionales que garantizan la seguridad de los vuelos que conectan nuestra provincia con el resto de la Argentina. En un departamento San Martín que ya sufre el olvido histórico, el debilitamiento de estas áreas estratégicas nos deja aún más desamparados.
Desde ATE y otros gremios aeronáuticos se advirtió que estas acciones no solo buscaban impedir las protestas internas, sino que pusieron en riesgo real la vida del personal que aún cumple funciones en el edificio. La protesta, que sumó el apoyo de diversos sectores, denuncia que los despidos en el SMN afectan directamente la calidad de los pronósticos y las alertas tempranas, herramientas que para los productores de nuestra región y para la población en general ante las tormentas estivales, son la diferencia entre la prevención y la tragedia. El recorte no es solo presupuestario, es un recorte en la seguridad ciudadana.
No se puede gestionar el Estado ignorando los protocolos de emergencia y mucho menos vaciando instituciones que son federales por definición. Mientras en Buenos Aires se sellan puertas con precintos, en el interior profundo de Salta seguimos esperando que la política entienda que con la seguridad y el clima no se juega. La situación en el SMN y en los aeropuertos es un llamado de alerta que debe ser escuchado antes de que las consecuencias sean irreversibles para nuestra conectividad y nuestra seguridad regional.
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