Aumenta la nafta en Shell, Axion y Puma: otro golpe al bolsillo que en el interior se siente más fuerte

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Las petroleras privadas subieron sus precios entre 2% y 5% este jueves, mientras YPF la principal referencia en gran parte del norte argentino todavía no modificó sus valores. La suba reabre el debate sobre cómo impacta el combustible en las economías del interior, donde el auto o la moto no son un lujo sino una herramienta de trabajo diaria.

Desde este jueves, las estaciones de servicio de Shell, Axion y Puma comenzaron a aplicar nuevos precios en sus surtidores, con incrementos que van del 2% al 5% según la zona del país, de acuerdo al relevamiento difundido por la Agencia Noticias Argentinas. Se trata de un ajuste que se replica en distintas regiones y que, una vez más, pone la lupa sobre el costo de moverse en un país donde las distancias sobre todo en el norte son mucho más largas que en los grandes centros urbanos.

Un dato que no es menor: al momento del informe, YPF mantenía sin cambios los valores de sus surtidores. La petrolera de mayoría estatal suele ser la referencia de precios en localidades como Tartagal y buena parte del norte salteño, donde su presencia es más fuerte que la de las privadas. Que YPF todavía no haya convalidado el aumento genera, al menos por ahora, un respiro parcial para quienes dependen de sus estaciones, aunque la experiencia reciente indica que las actualizaciones de las petroleras privadas suelen anticipar movimientos que, tarde o temprano, terminan replicándose en toda la cadena.

Para una familia de Tartagal, de General Mosconi o de cualquier localidad del interior salteño, cada suba en el combustible no es un número abstracto: es el viaje diario al trabajo, el traslado a la escuela, el flete que encarece los alimentos, el remisero que no puede trasladar el costo a sus pasajeros de la noche a la mañana. En regiones donde el transporte público es escaso o directamente inexistente en muchos tramos, el vehículo propio muchas veces una moto vieja o un auto que ya cumplió varios años de vida útil es la única opción real para moverse, trabajar y sostener la economía familiar.

El fenómeno también golpea de lleno a los pequeños productores y comerciantes del norte, que dependen del transporte de mercadería para llegar a los mercados. Cada aumento en el surtidor se traduce, casi de inmediato, en un encarecimiento de la logística que termina pagando el consumidor final, en una cadena donde el interior productivo rara vez logra trasladar esos costos con la misma velocidad que las grandes ciudades. Mientras se espera si YPF finalmente convalida la suba o logra sostener sus valores, la incertidumbre vuelve a instalarse en los bolsillos de quienes menos margen tienen para absorber otro ajuste.

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