A los tiros: balearon y asaltaron a un cambista en la Frontera con Bolivia
Las cámaras de seguridad de San José de Pocitos captaron el momento exacto en que un delincuente disparó contra un cambista para robarle. El hecho reaviva el debate sobre la inseguridad que enfrentan a diario los trabajadores informales de la zona de frontera.
Un nuevo episodio de violencia sacudió a San José de Pocitos, la localidad boliviana pegada al límite con Salvador Mazza, donde las cámaras de seguridad registraron el momento en que un hombre armado atacó a balazos a un cambista para robarle. Las imágenes, que ya circulan entre vecinos y comerciantes de la Frontera, muestran la crudeza con la que se desarrolló el asalto, en una zona que a diario mueve una intensa actividad comercial entre argentinos y bolivianos.
Los cambistas hombres y mujeres que trabajan a cielo abierto ofreciendo el servicio de cambio de pesos por bolivianos, o viceversa son una postal habitual del paisaje fronterizo entre Salvador Mazza, Pocitos y Yacuiba. Se trata de un trabajo informal, muchas veces la única fuente de ingresos para familias que subsisten del movimiento comercial diario en la Frontera, pero que expone a quienes lo ejercen a un riesgo permanente: manejan dinero en efectivo a la vista de todos, sin ningún tipo de resguardo ni respaldo institucional, convirtiéndose en blanco fácil para la delincuencia organizada que opera de un lado y otro del límite internacional.
Este nuevo hecho de inseguridad pone otra vez sobre la mesa una problemática que excede lo anecdótico: la falta de controles efectivos y de presencia policial coordinada entre ambos países en un corredor donde la actividad económica es incesante pero la seguridad de quienes trabajan en la calle parece quedar librada al azar. Para las familias tartagalenses y de la región que cruzan a diario a Pocitos por trabajo, salud o abastecimiento, escenas como esta generan un temor concreto: la Frontera, motor económico de gran parte del norte salteño, también puede convertirse en un escenario de violencia armada en cuestión de segundos.
El ataque a balazos contra un cambista vuelve a exponer una realidad que muchas veces queda oculta detrás del intenso movimiento comercial de la frontera: miles de personas trabajan y transitan diariamente en un territorio donde la informalidad, el dinero en efectivo y la escasa protección convierten a determinados sectores en blancos especialmente vulnerables para la delincuencia.
Las imágenes de las cámaras podrán ser una herramienta fundamental para identificar al responsable, pero la respuesta no debería limitarse a esclarecer un hecho después de que ocurre. La violencia en la frontera exige prevención, controles efectivos y una mayor coordinación entre las fuerzas de seguridad de Argentina y Bolivia, especialmente en los puntos donde el movimiento de personas y dinero es permanente.
Para los trabajadores, comerciantes y familias que dependen de esta actividad, la seguridad no puede ser un privilegio ni una cuestión librada al azar. La frontera es también una fuente de trabajo y sustento para miles de personas, y garantizar que puedan desarrollar sus actividades sin miedo debería ser una prioridad para ambos Estados. El desafío es evitar que episodios como este terminen convirtiéndose en parte de una peligrosa normalidad.




